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La Coctelera

Microrrelato -2-

Era un grupo de mochales malgaches, locos que todavía se creían que los una ventana abierta era un mundo a otro lado diferente al que estaban. Podían distinguir peces frezando. También veían a ermitaños eremíticos que recorrían caminos empedrados en dirección a alguna parte desconocida.

“¡Paparruchas, sólo dicen eso!”, eran las mismas palabras que todo el mundo decía cuando los veían contemplando y hablando en su mismo idioma. Mas, en verdad, nadie supo si tenían razón con lo que decían o no. Nadie, tampoco, se paró a pensarlo ni a contemplar lo que supuestamente veían ellos. Nadie lo supo…

Microrrelato -2-

Era un grupo de mochales malgaches, locos que todavía se creían que los una ventana abierta era un mundo a otro lado diferente al que estaban. Podían distinguir peces frezando. También veían a ermitaños eremíticos que recorrían caminos empedrados en dirección a alguna parte desconocida.

“¡Paparruchas, sólo dicen eso!”, eran las mismas palabras que todo el mundo decía cuando los veían contemplando y hablando en su mismo idioma. Mas, en verdad, nadie supo si tenían razón con lo que decían o no. Nadie, tampoco, se paró a pensarlo ni a contemplar lo que supuestamente veían ellos. Nadie lo supo…

Vocabulario a nuestro alcance

2. Ve a tu blog y clasifica las palabras subrayadas en tres apartados: Vocabulario desconocido (antes de buscarlo en el diccionario claro, ), Vocabulario pasivo (el que conoces pero no usas normalmente), Vocabulario activo (el que sueles usar normalmente).

Vocabulario desconocido: prolijamente, deslíe, historiada, zaquán.

Vocabulario pasivo: manufactureros, embalado, zócalo, duende, friso, intrusa, historiada

Vocabulario activo: error, estampados, calzas, duende, baldosines, penumbra, canastos, rezaba

3. Copia el texto y sustituye las palabras subrayadas por sinónimos, siempre que se pueda.

El hombrecito del azulejo.

Manuel Mújica Laínez

El hombrecito del azulejo es un ser singular. Nació en Francia, en Desvres, departamento del Paso de Calais, y vino a Buenos Aires por equivocación. Sus obreros , los Fourmaintraux, no lo destinaban aquí, pero lo incluyeron por fallodentro de uno de los cajones rotulados para la capital argentina, e hizo el viaje, envoltorio delicadamente, el único distinto de los azulejos del lote. Los demás, los que ahora lo acompañan en el podio, son azules corno él, con dibujos geométricos recargado cuya tonalidad se disuelve hacia el blanco del centro lechoso, pero ninguno se honra con su diseño: el de un hombrecito azul, barbudo, con leotardos antiguos, gorro de punta y un bastón en la mano derecha. Cuando el obrero que ornamentaba el zaguán porteño topó con él, lo dejó aparte, porque su presencia curiosa interrumpía el borde; mas luego le hizo falta un azulejo para completar y lo colocó en un extremo, junto a la adornada cancela que separa vestíbulo y patio, pensando que nadie lo descubriría. Y el tiempo transcurrió sin que ninguno notara que entre las baldosas había uno, disimulado por la sombra de la galería, tan diverso. Entraban los lecheros, los pescadores, los vendedores de escobas y plumeros hechos por los indios pampas; depositaban en el suelo sus hondas cestas, y no se percataban del menudo extranjero del zócalo. Otras veces eran las señoronas de visita las que atravesaban el zaguán y tampoco lo veían, ni lo veían las chinas que pelaban la pava a la puerta aprovechando la hora en que el ama oraba el rosario en la Iglesia de San Miguel. Hasta que un día la casa se vendió y entre sus nuevos habitantes hubo un niño, quien lo halló de inmediato.

Microrrelato -2-

Era un grupo de mochales malgaches, locos que todavía se creían que los una ventana abierta era un mundo a otro lado diferente al que estaban. Podían distinguir peces frezando. También veían a ermitaños eremíticos que recorrían caminos empedrados en dirección a alguna parte desconocida.

“¡Paparruchas, sólo dicen eso!”, eran las mismas palabras que todo el mundo decía cuando los veían contemplando y hablando en su mismo idioma. Mas, en verdad, nadie supo si tenían razón con lo que decían o no. Nadie, tampoco, se paró a pensarlo ni a contemplar lo que supuestamente veían ellos. Nadie lo supo…

Microrrelato

Entonces, ¿cómo podemos saber que esto no es un sueño? —decía Ana.

Tenía un poco de miedo, y no sabía por qué. Había sufrido mucho, demasiado para una tan vida corta. Odiaba todo aquello. Y quería, abandonar todo aquello. Lo tenía decidido, ya sabía qué iba a hacer. Unas míseras lágrimas se le empezaron a resbalar mejilla abajo.

Levantó su mano hacia el cielo, hacia un cielo ahora negro. Una estrella empezó a surcarlo; le pidió algo... Bajó su mano a una gran velocidad en dirección al antebrazo. Y, ahora, entre sus dedos llevaba un filo de una cuchilla ensangrentada.

Cuando yo me desperté siendo Sancho Panza

Era por la mañana. Me levanté y lo vi, tendido en el suelo. Roncaba sin cesar; parecía estar disfrutando de lo lindo en su sueño, en algo que nunca sabré a ciencia cierta como era, ya que, como tanto desvaría, no podía sacar nada en claro.

Entonces, se levantó de su sueño, de su dulce y placentero sueño.

-¡Ay! Mi preciosa Dulcinea del Toboso, de donde yo te vi por primera vez a lo que ahora me has hecho…: ser un hombre real, totalmente yo mismo.

Entonces, sonando mi tripita y casi no pudiendo pensar mucho, me di cuenta de que lo que decía don Quijote no tenía coherencia, que no tenía sentido. Alcé la vista hacia él, pero vi que de nuevo se había dormido. Su sonrisa en su rostro me demostraba que había estado soñando con su amor platónico, haciendo cosas… tales cosas las cuales nunca supe.

Al cabo de varios minutos, cuando ya me había zampado… cuando ya había disfrutado del placer de la comida matutina, y después de ir a por un cuenco de agua para que mi amo se refrescara un poco, el desdichado hidalgo se despertó. Y, como todas las mañanas, comenzó a gritar, a escandalizar, transmitiendo (si es que era eso lo que pretendía) ideas de la vida, pensamientos no desarrollados en aquellos tiempos.

-¡¡¡Sancho!!! –empezó a llamarme, así que me acerqué enseguida, para ver qué quería-. Sancho, tráeme mis armaduras y armas, mi equipo de combate, que zarpamos en pos a un castillo que aquí cerca edificado está. Y recuérdame, mi fiel vasallo, que le pida a su rey todas las tierras que me pertenecen por haberle hecho ese tan repentino trabajo que me pidió, ya por ser yo su mejor amigo.

-¿De qué trabajo me habla mi señor? –me interesé.

-¡Ay, mi escudero! Que te tengo te repetir mil veces y una más todo lo que vamos haciendo en el transcurso de nuestro viaje… Refresca tu memoria, y ya no preguntes más en toda tu vida.

Con la boca abierta por no saber de qué hablaba don Quijote, abandonamos el lugar, aquella explanada donde pasamos la noche, y nos fuimos hacia aquel castillo imaginario el cual mi señor tanto afecto le tenía, tanto afecto y necesidad de ir allí por razones que él mismo conocía muy bien.

Y llegamos allí, a aquella venta, aunque mi amo se creyese que de un castillo se trataba. Fuimos a hablar con el dueño de aquel habitáculo y, como no, nos echaron a patadas por las injurias que don Quijote dejó escapar por su boca. Le lastimaron más que de un rufián ladrón se tratase; nos alejamos de allí, de aquella venta supuestamente castillo, un castillo que recordaríamos toda nuestra vida y después de la muerte.

¡Qué hambre tengo…! Tengo ansiedad cuando nos ocurre tales desdichadas catástrofes con mi amigo don Quijote, el Caballero de la Triste Figura.

La vista de Rocinante

Yo veía que mi dueño no estaba muy cuerdo. Me trataba como si de un elegante e importante caballo fuese, que, aunque yo sí lo soy, en verdad, sé que no lo soy demasiado. Puede ser que fuese tan importante en su vida que me llevase tras suya durante toda la historia, pero pienso que era más obsesión que otra cosa. Estuvimos andando y andando, pero eso nunca terminaba. Mis herraduras… si es que alguna vez tuve, parecían papel de fumar de tanto pisar y pisar sobre la dura tierra. De vez en cuando, hablaba con mi compañero, el burro de Sancho Panza, un humano campesino y a la vez gordinflón que no servía para nada, a mi parecer. Siempre comiendo, durmiendo; recordándole a mi pobre amo que le debía una ínsula, y después cuando la posee, la abandona porque dice que aquélla no era su vida.

Otra cosa era esa tal Dulcinea del Toboso. ¡Qué belleza sin igual! (con ironía, vamos). La vi diversas veces por el pueblo, con sus cerdos. ¡Qué vida más común y aburrida!

Pero lo que más gracia me hacía era por todos los lugares que pasábamos, por dónde frecuentábamos juntos. Es que era una historia tras otra de mi dueño; era una diversión tras otra, aunque mi buen señor nunca lo supo.

En realidad, me gustaba y todo acompañar a mis amigos, a los únicos que tuve en mi larga historia. Todavía los recuerdo, pero lo que más viaja por mi mente es el día en que me enteré (ya que se corrió la voz enseguida) que mi loco amo, mas yase había vuelto cuerdo del todo, había fallecido. Débiles lágrimas se me escaparon de mis ojos, mas no lo podía remediar: había sido mi amo durante mucho tiempo y hasta le cogí confianza y todo... Así es la vida; qué se le va a hacer...

En conclusión, mi vida junto con Don Quijote fue muy interesante, aunque también muy estresante.

^.^

DON QUIJOTE: ¿PERSONAJE LOCO O LÚCIDO?

1. ¿Cuál es la clase social del protagonista?
Don Quijote pertenece a la clase media, ya que se considera hidalgo, un noble pero de las clases más bajas y pobresque hay en este estrado.
2. Alonso Quijano tiene una gran biblioteca de
Libros de Caballerías, ¿qué tuvo que hacer para poder continuar comprando libros?
Con el fin de continuar comprando nuevos libros de caballerías, tuvo que vender hanegadas de terrenos de su propiedad, ya que su economía no es muy elevada.

3. ¿Crees que el narrador de este fragmento
utiliza alguna ironía cuando se refiere a la claridad de la prosa de Feliciano de Silva? Si es así localízala y explícala.

Sí, ya que cuando el narrador plagia un fragmento de la prosa de Feliciano de Silva da a entender la complejidad de este libro, ya por Feliciano explicar las razones de sus locuras.

4. ¿Cuál es la conclusión de este fragmento?,
¿qué le ocurre al protagonista?
Estuvo leyendo días y noches, y se incaucó tanta información caballeresca que empezó a creerse que era un caballero noble, así que debía abandonar su hogar en busca de aventuras y de tal modo hacerse famoso y casarse con su Dulcinera del Toboso, su amor platónico e inventado por él.

5. Busca otros ejemplos que hayas encontrado en la lectura del Quijote que demuestren el estado mental del protagonista.
Don Quijote de la Mancha es un viejo loco que, por ejemplo, en el capítulo en el que se entera de que sus libros no están en aquella habitación de su casa donde se encontraban se demuestraa la perfección su estado mental. En este episodio del libro, los allegados a Don Quijote le explican que había venido un demonio y se había llevado todos los libros que poseía. Aunquecuando se enteró de esto, rectificó a su sobrina porque dijo que había sido en verdad un enemigo suyo.